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Juan, El Apóstol Hijo de Zebedeo y hermano de Jacobo. Los datos acerca de Juan proceden de cuatro fuentes:

Los Evangelios Sinópticos

Juan, junto con su padre y hermano, era pescador en el mar de Galilea cuando Jesús lo halló (Mc 1.19s), apenas iniciado su ministerio. Si, como opinan muchos, la madre de Juan se llamaba Salomé y era hermana de María, madre de Jesús, Juan sería primo hermano del Señor. Por una referencia a «los jornaleros» en Mc 1.20, se supone que la familia era acomodada. Tal idea se refuerza también con el dato de que Salomé pertenecía al grupo de mujeres que apoyó a Jesús con sus propios recursos económicos (Mc 15.40–41 y Lc 8.3). Marcos 1.21 sugiere que vivían en Capernaum.

Cuando se nombra a los hijos de Zebedeo, Juan aparece en segundo lugar, por lo que se cree que era menor que Jacobo. Jesús escogió a Juan como uno de los doce (Mc 3.17), y lo admitió en el círculo íntimo que estuvo presente cuando resucitó a la hija de Jairo (Mc 5.37), en la Transfiguración (Mc 9.2) y en la oración agónica en Getsemaní (Mc 14.33). Varios pasajes sugieren que el carácter severo y agresivo de Jacobo y Juan les valió el apodo de Boanerges que les dio Jesús (Mc 3.17; 9.38; 10.35–41; Lc 9.54s).

Hechos Y Gálatas

Las tres veces que en Hechos se menciona a Juan, este se halla íntimamente relacionado con Pedro. La lista de los once en el aposento alto comienza así: «Pedro, Juan» (Hch 1.13, HA). Según los capítulos 3 y 4, los dos fueron al templo donde, después de un milagro de sanidad y de un sermón, los detuvieron. Tras una noche de prisión y la advertencia que les hicieron las autoridades judías, se les puso en libertad. Más tarde fueron a Samaria como emisarios de la iglesia de Jerusalén para asesorar el ministerio de Felipe. Después de impartir el don del Espíritu, volvieron a Jerusalén (Hch 8.14–25). En ambas narraciones Pedro es portavoz y adalid, y Juan ocupa un lugar secundario (cf. Lc 22.8, donde los dos hacen preparativos para la última Pascua). Aunque se le menciona como hermano del Jacobo a quien ejecutó Herodes Agripa I (Hch 12.2), esta persecución no afectó directamente a Juan; más bien, Hechos lo supone presente en el concilio citado en el capítulo 15.

Pablo menciona a Juan solamente en su enumeración de las tres «columnas» de la iglesia en Jerusalén con quienes conferenció (Gl 2.9). Una vez más Juan aparece asociado con Pedro, ahora como miembro prominente de la misión cristiana a los judíos más bien que a los gentiles. Así terminan las referencias explícitas a Juan en el Antiguo Testamento.

La Literatura Juanina

La tradición eclesiástica atribuye al apóstol Juan la paternidad literaria del Evangelio de Juan, de 1, 2 y 3 Juan y de Apocalipsis. Solo el último da el nombre de su autor (aunque no lo identifica como apóstol), y esta anonimia ha dado lugar en los últimos ciento sesenta años a muchas conjeturas respecto a los verdaderos autores o redactores de estos cinco escritos. Sin embargo, las pruebas internas apoyan la teoría tradicional. Sobre todo, si Juan confió a diferentes secretarios o discípulos la redacción final, es probable que haya sido el autor de todos. Si es así, bien merece la designación de «Juan el teólogo» que le otorgó la iglesia de los primeros siglos. Puesto que no era versado en la erudición rabínica en el año ca. 31 (Hch 4.13), el merecer semejante reputación a fines del siglo era algo extraordinario.

El único Juan mencionado en el cuarto Evangelio es el Bautista, pero es probable que «el discípulo a quien Jesús amaba» sea el apóstol. De ahí, pues, tenemos nuevos datos sobre Juan, en este caso autobiográficos. (Los «hijos de Zebedeo» figuran en 21.2, pero en este capítulo se emplea un vocabulario un poco distinto del usado en el resto del Evangelio de Juan, lo cual le resta valor como prueba.)

El discípulo amado solo aparece a partir de la última cena. «Estaba reclinado en el seno de Jesús» y le preguntó, a petición de Pedro, quién era el traidor (Jn 13.23–26). Al pie de la cruz, el discípulo amado oyó las palabras con las que Jesús le encargó el cuidado de María su madre. En seguida Juan la recibió en su casa (19.26s).

En la carrera hacia la tumba vacía, Juan llegó antes que Pedro, y al ver las pruebas fue el primero en comprenderlas (20.2–10). También fue el primero en reconocer al Señor resucitado al verlo en la playa (21.7). De él hablaba Jesús cuando dijo a Pedro: «Si quiero que él quede hasta que yo venga ¿qué a ti?», dicho que causó perplejidad en la iglesia cuando el discípulo amado murió (o estaba para morir) sin que el Señor hubiese venido (21.20–23). En 21.24 se atribuye a este discípulo tanto el testimonio que fundamentaba este Evangelio como su composición literaria.

De 1 Juan no se desprenden datos precisos respecto a su autor, pero las otras dos epístolas hablan de un «anciano» o «presbítero» (2 Jn 1; 3 Jn 1) muy activo en el gobierno y supervisión de iglesias (evidentemente en Asia Menor), pero cuya autoridad era discutida. Apocalipsis también revela un autor interesado en las congregaciones de Asia Menor. Este Juan, que se identifica como «siervo» (1.1) y «profeta» (1.3; 10.11; 22.7, 10, 18s), desterrado en la isla de Patmos por su testimonio cristiano (1.9).

La Tradición Posterior

La tradición que predominaba en la iglesia afirmaba que Juan, después de muchos años de liderazgo en Jerusalén, se trasladó a Éfeso donde permaneció hasta su muerte (por causa natural) a edad avanzada, en la época del emperador romano Trajano (98–117). Otros hilos de tradición no armonizan fácilmente con estos. Por ejemplo, Eusebio afirma que existían dos Juanes: el apóstol, y un anciano de Éfeso que otros habían confundido. Aunque es difícil desenredar estas informaciones, la teoría más aceptable es la que coloca al hijo de Zebedeo en Éfeso a fines del primer siglo y lo supone autor original de los cinco escritos llamados juaninos.

 

Linaje Escogido

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