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Text Box: LINAJE ESCOGIDO
NUEVO TESTAMENTO

INTRODUCCIÓN

El cristianismo, en sus etapas iniciales, consideró al AT como su única Biblia. Jesús, lo mismo que sus discípulos y apóstoles y que el resto del pueblo judío, lo citó como "las Escrituras", "la Ley" o "la Ley y los Profetas" (cf. Mc 12.24; Mt 12.5; Lc 16.16).

Con el paso del tiempo, la iglesia, habiendo entendido que en Cristo «todas las cosas son hechas nuevas» (2 Co 5.17), produjo muchos escritos acerca de la vida y la obra del Señor, fijó y transmitió su doctrina y extendió el mensaje evangélico a regiones cada vez más alejadas de Palestina. De entre esos escritos fue destacándose paulatinamente un grupo de veintisiete, que hacia finales del s. II comenzó a conocerse como Nuevo Testamento. Eran textos redactados en lengua griega, desiguales tanto en extensión como en carácter y género literario, pero todos tenidos en especial reverencia como procedentes de los apóstoles de Jesús o de personas muy cercanas a ellos.

El uso cada vez más frecuente que los creyentes hacían de aquellos veintisiete escritos (convencionalmente llamados "libros") condujo a una general aceptación de su autoridad. La fe descubrió pronto en sus páginas la inspiración del Espíritu Santo y el testimonio fidedigno de que en Jesucristo, el Hijo de Dios, se cumplían las antiguas profecías y se hacían realidad las esperanzas mesiánicas del pueblo de Israel. Consecuentemente, la iglesia entendió que las escrituras hebreas, es decir, las que denominó Antiguo Testamento, requerían de una segunda parte que viniera a documentar el cumplimiento de las promesas de Dios. Y al fin, tras un largo proceso y ya bien entrado el s. V, quedó oficialmente reconocido el canon general de la Biblia como la suma de ambos Testamentos.

 

División del Nuevo Testamento

Desde el s. V, el índice del NT ordena los libros de la siguiente manera:

 

1. Evangelios (4):

    (a) Sinópticos (3):

        Mateo

        Marcos

        Lucas

    (b) Juan

 

2. Hechos de los Apóstoles (1)

3. Epístolas (21):

    (a) Paulinas (13):

        Romanos

        1 Corintios

        2 Corintios

        Gálatas

        Efesios

        Filipenses

        Colosenses

        1 Tesalonicenses

        2 Tesalonicenses

        1 Timoteo

        2 Timoteo

        Tito

        Filemón

    (b) Epístola a los Hebreos (1)

    (c) Universales (7):

        Santiago

        1 Pedro

        2 Pedro

        1 Juan

        2 Juan

        3 Juan

        Judas

4. Apocalipsis (1)

Esta catalogación de los libros del NT no responde al orden cronológico de su redacción o publicación; es, más bien, un agrupamiento temático y por autores. Quizás en él debe verse el propósito de presentar la revelación de Dios y el anuncio de su reino eterno a partir de la buena noticia de la encarnación (evangelios) y hasta la buena noticia del retorno glorioso de Cristo al final de los tiempos (Apocalipsis), pasando por el intermedio histórico de la vida y del cometido apostólico de la iglesia (epístolas).

La transmisión del texto

Es realmente extraordinario el número de manuscritos del NT que ha llegado a nosotros después de tantos siglos de haber sido escritos: más de 5.000. Algunos son apenas pequeños fragmentos, tan deteriorados por el tiempo y las malas condiciones ambientales que su utilidad es prácticamente nula. Pero son muchos más los manuscritos que, en todo o en parte, se han conservado lo suficientemente bien como para transmitir hasta el presente su mensaje y testificar así de la fidelidad de los cristianos que los escribieron.

Ahora bien, los manuscritos que conocemos no son autógrafos: ninguno proviene de la mano del propio autor. Todos, sin excepción, son copias de copias de los textos originales griegos o de traducciones a otros idiomas. Las hicieron, en lugares muy diversos y a lo largo de siglos, copistas especializados, pacientemente consagrados a esa labor durante muchos años.

Las copias más antiguas hasta ahora conocidas son papiros que datan del s. III, procedentes de Egipto.

El papiro es un arbusto muy abundante a orillas del Nilo. De su tallo, cortado y prensado, se preparaban láminas rectangulares, que se unían formando bandas de unos 30 centímetros de ancho y varios metros de longitud. Una vez escritas, las bandas se enrollaban con el texto hacia adentro y se ataban con cuerdas.

Los rollos de papiro eran de fácil fabricación; pero su manejo resultaba incómodo. Además, tanto la humedad como el calor seco dañaban el material e impedían su prolongada duración. Por eso, en sustitución del papiro, entre los s. II y IV se extendió el uso del pergamino, que era una lámina de piel de oveja o cordero especialmente curtida para poder escribir en ella. Este nuevo material, bastante más costoso que el anterior pero muy resistente y duradero, permitió, primero, la preparación de cuadernos y, luego, la de códices, esto es, libros en la forma en que los conocemos actualmente. Entre los diversos códices de la Biblia descubiertos hasta el día de hoy, los más antiguos y, a la vez, más completos son los llamados Sinaítico y Vaticano, ambos datados en el s. IV.

Palestina romana

Jesús nació a finales del reinado de Herodes el Grande (47 a 4 a.C.). Hombre cruel (recuérdese Mt 2.1–16) y, sin duda, inteligente, se distinguió por la gran cantidad de tierras y ciudades que logró conquistar, y por las muchas y colosales construcciones con que las dotó. Entre estas, el templo de Jerusalén, del que solo quedan unos pocos restos pertenecientes a la muralla occidental (o Muro de las Lamentaciones).

A la muerte de Herodes (Mt 2.15–19), se dividió su reino entre sus hijos Arquelao, Herodes Antipas y Felipe. Arquelao (Mt 2.22), etnarca de Judea y Samaria, fue depuesto por el emperador Augusto el año 6 d.C. A partir de entonces, el gobierno estuvo en manos de procuradores romanos, entre ellos Poncio Pilato, que ostentó el cargo desde el año 26 al 36. Herodes Antipas (Lc 3.1) fue tetrarca de Galilea y Perea hasta el año 39; y Felipe (Lc 3.1), hasta el 34, lo fue de Iturea, Traconite y otras regiones nororientales. (Véase Tabla cronológica del NT.)

En el año 37, el emperador Calígula nombró rey a Herodes Agripa y lo puso sobre la tetrarquía de Felipe, a la que luego añadió la de Herodes Antipas. Desaparecido Calígula (asesinado el año 41), su sucesor, Claudio, amplió aún más los territorios de Agripa con la anexión de Judea y Samaria. De este modo, Agripa reinó hasta su muerte (año 44), prácticamente sobre toda Palestina.

Antipas fue el que hizo apresar y matar a Juan el Bautista (Mc 6.16–29); y Herodes Agripa fue quien persiguió a la iglesia de Jerusalén y ordenó matar a Jacobo y apresar a Pedro (Hch 12.1–23). El NT habla también de otro Herodes Agripa, hijo del anterior: el rey que, acompañado de su hermana y mujer Berenice, escuchó el discurso pronunciado por Pablo en su propia defensa, en Cesarea de Filipos (Hch 25.13–26.32).

Detrás de todos estos personajes se mantuvo, siempre vigilante, el poder romano. Roma era en realidad la que, según le conviniera, ponía o quitaba gobernantes en los países sometidos a su dominio. Durante la vida de Jesús, y hasta la destrucción de Jerusalén en el año 70, se sucedieron en Roma siete emperadores (o césares). Tres de ellos se mencionan en el NT: Augusto (Lc 2.1), Tiberio (Lc 3.1) y Claudio (Hch 11.28; 18.2). Y hay un cuarto, Nerón, cuyo nombre no se dice, a quien Pablo hace tácita referencia al apelar al tribunal del césar (Hch 25.10–12; 28.19).

Palestina formaba parte del imperio romano desde el año 63 a.C. Esta circunstancia había significado la pérdida definitiva de su independencia nacional. Dos largos siglos de agitación política la habían llevado a un estado de irreparable postración moral, del que Roma, por mano del general Pompeyo, sacó provecho apoderándose del país e integrándolo en la provincia de Siria.

A fin de mantener la paz y la tranquilidad en sus territorios, Roma actuaba generalmente con mucha cautela, sin presionar excesivamente a la población sometida y sin forzarla a cambiar sus propios modelos de sociedad, ni sus costumbres, cultos y creencias religiosas. Incluso a veces, como poniendo una nota de tolerancia y buena voluntad, consentía en la existencia de ciertos gobiernos nacionales, como los de Herodes el Grande y sus sucesores dinásticos.

Lo que Roma nunca permitió fue la agitación política, y mucho menos la rebelión abierta dentro de sus fronteras. Cuando esto ocurría el ejército se encargaba de restablecer el orden, actuando pronto y con el máximo rigor. Tal fue lo que pasó el año 70 d.C., cuando Tito, hijo del emperador Vespasiano, arrasó Jerusalén y provocó la «diáspora» (o dispersión) de gran parte de la población, a fin de acabar de una vez por todas con las revueltas judías inici

 

EL IMPERIO GRECOMACEDÓNICO

Geografía

Grecia es una península que está situada en la parte este del mar Mediterráneo. El mar Egeo la separa del Asia Menor; y el mar Adriático la separa de la península italiana. Macedonia está al norte de Grecia.

El imperio grecomacedónico llegó a abarcar la mayor parte del mundo conocido en la antigüdad, pues se extendía desde la India, al oriente, hasta el extremo occidental del Mediterráneo.

Historia

La presencia en Grecia de "tribus griegas" está atestiguada desde el tercer milenio a.C. Sin embargo, los pueblos griegos, que llegaron a desarrollar la organización política conocida como polis (ciudad-estado), no lograron uni-ficarse y se mantuvieron en luchas casi continuas.

Filipo II de Macedonia inicia, desde el norte, guerras de conquista. Al morir en el 335 a.C. le sucede su hijo Alejandro, que será conocido como Alejandro Magno. Exraorkinario militar, conquista Persia (331) y Egipto, y llega hasta la India (326). Muere en el año 323 a.C., a los 33 años.

Pronto se hizo notar la falta de un digno sucesor de Alejandro. A la muerte de este, su vasto imperio se divide en los llamados "reinos helenísticos". Los más importantes para la historia bíblica fueron el reino de los lágidas o ptolomeos (Egipto) y el de los seléucidas (Siria).

Entre el 215–205 a.C., a.C., Filipo V de Macedonia se asoció a Cartago, con el fin de luchar contra los romanos. En el 197 Filipo V es derrotado por los romanos. Entre el 192 y el 189 a.C. el ejército romano derrota al imperio seléucida y penetra en Asia Menor. Más tarde Macedonia cae en poder de Roma. Para el 146 a.C., los romanos destruyen Corinto, y la mayor parte de Grecia es anexada a Roma. Pocos años bastarán para que caigan Pérgamo (133 a.C.) y Siria (64 a.C.). En el 47 a.C. Julio César hace a Cleopatra su corregente en Egipto, y para el 30 a.C., la anexión de Egipto a Roma será absoluta.

Grecia y Palestina

A la muerte de Alejandro Magno, los ptolomeos dominaron Egipto y Pales-tina. Respetaron las costumbres y la religión de los israelitas. Así, el templo fue el lugar donde se desarrollaba la fe y donde se guardaban los bienes destinados para ayudar al huéfano y a la viuda.

Pero la dinastía y las políticas de los ptolomeos se debilitaron, y la tolerancia fue poco a poco desapareciendo. Desde el 197 a.C., los seléucidas de Siria, trataron de conquistar Palestina. Lo logró Antíoco IV Epífanes (175–164 a.C.). Trató de imponer a la fuerza als costumbres sirias, y los israelitas se resistieron. Hubo persecución y luchas. Entre los israelitas que se opusieron se cuentan el sacerdote Matatías, Judas Macabeo, Jonatán y Simón, de quienes se habla en los libros deurerocanónicos de los Macabeos.

En el 168 a.C. Roma derrotó a Macedonia y acabó con su monarquía. Cuatro años mas tarde, luego de muchas luchas, se forma el reino macabeo de Judea. Antíoco V firmó, en el 162 a.C., el acuerdo de libertad religiosa para los judíos.

Pero su sucesor, Demetrio Soter ("el salvador"), ayudado por unos judíos, negó nuevamente los derechos, por lo que las luchas se reanudaron. En el 142 a.C. los israelitas lograron librarse del imperio seléucida, y establecieron la dinastía de los asmoneos, la cual duró poco menos de un siglo, pues en el año 63 a.C. Jerusalén cayó en manos de Pompeyo, y se convirtió en una nueva colonia de Roma.

Cultura

Los griegos habían alcanzado un gran desarrollo cultural y conocieron épocas de esplendor en las que se cultivaron la literatura, la filosofía, la historia, la escultura, la arquitectura y otras ramas del saber.
Cuando Alejandro Magno extiende su imperio, sigue la política de helenizar a los pueblos conquistados, respetando, por otra parte, sus prácticas y creencias religiosas. Se establece un idioma común (el koiné) y se promueve la cultura. Alejandra (fundada en el 331 a.C.) se convertirá en uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo.

Religión

El periodo helenístico, iniciado con las conquistas de Alejandro se caracteriza por el desarrollo del interés religioso que se expresa en múltiples formas: respeto a las corrientes religiosas del oriente; auge de las religiones mistéricas. En época posterior surge el gnosticismo. En este periodo nace el cristianismo.

Configuración física de Palestina

El Jordán es el río de Palestina. Nace en el monte Hermón y recorre el país de norte a sur, dividiéndolo en dos: la Cisjordania o lado occidental, y la Transjordania o lado oriental. Después de atravesar el Mar de Galilea, corre serpenteante a lo largo de una depresión geológica cada vez más profunda, hasta desembocar en el Mar Muerto, a unos 110 kilómetros del lugar de su nacimiento y a casi 400 metros por debajo del nivel del Mediterráneo.

El Mar Muerto, de casi 1.000 kms. cuadrados de superficie, debe este nombre a que la alta proporción de sal y otros elementos disueltos en sus aguas hace imposible la vida en ellas de peces y de plantas. En cambio, el Mar (o Lago) de Galilea, también llamado de Genesaret o de Tiberias (cf. por ejemplo, Mt 4.18, Mt 14.34 y Jn 6.1), de 145 kms. cuadrados de superficie y situado igualmente en una profunda depresión (212 metros bajo el nivel mediterráneo), es un gran embalse de agua dulce en el que abundan los peces (cf. Lc 5.4–7; Jn 21.6–11).

Palestina es tierra de montañas. En la época del NT, casi todas sus ciudades estaban situadas en algún punto de la cordillera que desciende, desde los macizos del Líbano (3.083 m.) y del Hermón (2.760 m.), hasta los límites meridionales del país en la región desértica del Négueb. Esta cadena solo se ve cortada por la llanura de Jezreel (Jos 17.16), que penetra en ella dejando al norte los montes de Galilea y al sur las estribaciones de las montañas de Samaria.

Algunos nombres del sistema orográfico de Palestina se conocen por la mención que de ellos se hace en los relatos bíblicos. Por ejemplo, en el lado oriental del Jordán se halla el monte Nebo, de 1.146 metros de altura; y en el occidental, el Carmelo (552 m.), el Gerizim (868 m.), el monte de los Olivos (unos 800 m.) y el Tabor (562 m.).

Palestina quedaba limitada por los desiertos de Arabia y de Siria al este, y, al oeste, por el Mar Mediterráneo, separado de las montañas por las tierras bajas que comienzan en la fértil llanura de Sarón (cf. Cnt 2.1; Is 35.2), junto al Monte Carmelo.

Poblaciones de Palestina

Los evangelios y los Hechos citan un buen número de ciudades, pueblos y aldeas repartidas por el país, especialmente al oeste del Jordán y del Mar Muerto. En la región de Galilea se hallaban, a orillas del Lago de Genesaret, Capernaúm, Corazín y Magdala; y, más al interior, Caná, Nazaret y Naín.

En la región de Judea, a casi 1.150 metros sobre el nivel del Mar Muerto, se alza Jerusalén. Cerca de ella, al sur, Belén; al este, sobre el monte de los Olivos, Betania y Betfagé; y al oeste, Emaús, más lejos Lida y, por último, el puerto de Jope. De aquí, bajando por la franja costera, Azoto y Gaza.

Menciona también el NT algunas poblaciones palestinas no pertenecientes a Judea o Galilea: Cesarea de Filipo, en Iturea; Sarepta, Tiro y Sidón, en la costa de Fenicia; Siquem, en Samaria.

Sociedad y cultura en el mundo judío

Los relatos de los evangelistas ofrecen una especie de retrato de la forma de vida de los judíos de entonces. Las parábolas de Jesús y las incidencias de los recorridos que hizo por Palestina ponen de relieve la importancia que en aquella sociedad tenían los trabajos del campo. La siembra y la siega de cereales, la plantación de viñas y la vendimia, la producción hortícola y las referencias al olivo, a la higuera y a otros árboles son datos reveladores de una cultura básicamente agraria, completada con el cuidado de los rebaños de ovejas y corderos, de animales de carga e incluso de manadas de cerdos. Por otra parte, la pesca ocupaba un lugar principal en la actividad de las gentes que vivían en las aldeas costeras del Mar de Galilea.

Junto a estas profesiones se ejercían también otras de índole artesanal. Allí se encontraban perfumistas, tejedores, curtidores, carpinteros (cf. Mc 6.3), alfareros y fabricantes de tiendas de campaña (cf. Hch 18.3); y también, por supuesto, servidores domésticos, comerciantes, banqueros y cobradores de impuestos (véase Publicanos en la Concordancia Temática).

Los peldaños más bajos de la escala socioeconómica estaban ocupados por los peones contratados a jornal, los esclavos (cf. Ex 21.1–11), las prostitutas y un número considerable de gente que sobrevivía practicando la mendi

 

EL MUNDO ROMANO

Según la leyenda, la ciudad de Roma fue fundada en el año 753 a.C. El rey Tarquinio fue expulsado de ella en el 509 a.C., y la ciudad se transformó en una república, gobernada por una asamblea del pueblo, un Senado y dos cónsules que ocupaban el cargo por un año. Ya para el 206 a.C. Roma gobernaba la mayor parte de Italia e inició la guerra contra Cartago. Cartago fue destruida en el año 146 a.C. y Roma empezó a extender su dominio a través del Mediterráneo.

Caminos y deportes

Los griegos dieron al mundo ideas que han ayudado a dar forma a sistemas gubernamentales, a las ciencias, a las medicina y a las artes. El legado de los romanos es práctico: caminos, acueductos, sistemas de cañeria y de calefacción centralizada, y, por supuesto, los baños. Se les recuerda por sus "entretenimientos" públicos (carreras de carros tirados por caballos y sangrientas luchas entre gladiadores) en anfiteatros como el gran Coliseo de Roma.

El imperio romano

Los romanos fueron controlando poco a poco lo que quedaba del imperio griego. Corinto cayó en el año 146 a.C.; Atenas en el 86. En el s. I a.C., Julio Céasar se ocupó de tomar la Galia, y Pompeyo conquistó Siria y Palestina, ocupando Jerusalén en el año 63 a.C. Los romanos absorbieron las ideas griegas; así, tanto el idioma como la cultura y civilización de los griegos continuaron en vigencia bajo el dominio romano. En el año 27 a.C. acabaron los angustiosos años de guerra. Octavio asumió el título de "Augusto" y se convirtió, de hecho, en el primer governante del imperio. La "paz romana" que siguió trajo nueva prosperidad y permitió viajar con seguridad. Durante el reinado de Augusto nació Jesús (cf. Lc 2.1).

Vida en la capital

Los ricos vivían bien en Roma. Tenían grandes casas con columnas de mármol y hermosas mosaicos en el piso. Las paredes estaban pintadas con frescos. Gustaban de ir a los baños o a los juegos y otros entretenimientos. Una cena romana podía constar de siete o más platos, algunos de ellos muy lujosos (por ej., lirón relleno o flamenco hervido). Los hijos de los ricos iban a la escuela: las mujeres a una (hasta la edad de 13 años) y los varones a otra.

Los pobres vivían incómodamente en bloques de apartamentos mal construidos. No tenían cañerías ni sistema de calefacción, y tenían que usar servicios sanitarios (inodoros) y baños públicos. La principal comida era pan o gachas de avena, con unas pocas hierbas, aceitunas o vegetales. Se pretendía que los "entretenimientos" hicieran que los pobres se olvidaran de sus padecimientos.

Palestina bajo ocupción romana

Los romanos aportaron beneficios a los pueblos que gobernaban: ley y orden, un gobierno estable, excelentes caminos y buenos edificios públicos (oficinas, mercados, baños y estadios).

Sin embargo, en la lejana Judea, la mayoría de las personas estaban menos que agradecidas con sus gobernantes romanos. Nunca pudieron olvidar que eran un país ocupado. Con cuatro legiones estacionades en Palestina, había romanos por doquier. Y estaban los impuestos: impuesto sobre la «renta», impuesto a la comida, impeusto sobre las ventas de tierra o propiedades, derechos de aduana e impuesto sobre las compras. Naturalmente, los recolectores de impuestos (publicanos), que trabajaban para el censor romano y que vivían cómodamente porque cobraban más de lo debido, eran odiados. Mateo, uno de los dis discípulos de Jesús, fue uno de ellos (Mt 9.9; cf. Lc 19.1–10)

El ejército

La mayoría de los soldados romanos eran voluntarios. Firmaban por 20 años de servicio. Usuaban cascos y corazas de hierro, y tenían clavos de hierro en sus sandalias. Cada soldado estaba armado con una espada y una jabalina, y cargaba un escudo grande, oblongo, de madera cubierta con cuero. Muchos soldados eran asignados a campamentos permanentes. Se esperaba de ellos que, en un día de marcha, cubrieran 29 km. o más, cargando sus armas, sus herramientas, su comida y sus utensilios de cocina.

Los soldados eran sometidos a entrenamientos y disciplinas estrictas. Una tropa estuvo de guardia en la crucifixión (cf. Mt 27.27–37), otra guardó el sepulcro de Jesús (cf. Mt 27.62–66) y otra rescató a Pablo de ser linchado (Hch 21.26–36).

El NT menciona varias veces a los capitanes del ejército, los "centuriones", y siempre favorablemente (cf. Mt 8.5–13; 27.54; Hch 10; Hch 27.1, 42–44

Pablo recorre el imperio

La paz romana, los caminos y los medios de transporte hicieron posible que cristianos llevaran el mensaje de Jesús por todo el este del Mediterráneo en pocos años.

Pablo era ciudadano romano y usó de este derecho para ser librado de la cárcel (cf. Hch 16:37–40). Cuando la justicia judía falló, pablo apeló al emperador. Fue llevado a Roma para ser juzgado (Hch 25.11; 27–28). Todos los viajes de Pablo narrados en Hch, y todas sus cartas teinen como trasfondo el imperio romano.

Religión y política

La religión y la política caminan juntas en el mundo judío. Eran dos componentes de una sola realidad, expresada en el sentimiento nacionalista que brotaba de la misma fuente que la fe en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. La historia del pueblo de Israel es la historia de su fe en Dios; y su fe es la fe en que Dios gobierna toda su historia.

Por eso, el sumo sacerdote en ejercicio era precisamente quien presidía el Sanedrín, máximo órgano jurídico y administrativo de la nación. Este consistía en un consejo de 71 miembros, en el que estaban representados los tres grupos político-religiosos más significativos de la época: los sacerdotes, adscritos en su mayoría al partido saduceo; los ancianos, generalmente fariseos, y los maestros de la Ley.

Gozaba el Sanedrín de todas las competencias de un gobierno autónomo, salvo aquellas en las que Roma se reservaba los derechos de última instancia. Por ejemplo, el Sanedrín era competente para condenar a muerte a un reo, pero la orden de ejecución exigía el visto bueno de la autoridad romana, como sucedió en el caso de Jesús (cf. Jn 19.10).

En relación con los partidos, es menester señalar que los fariseos eran los representantes más rigurosos de la espiritualidad judía. Con su insistencia en la observancia estricta de la Ley mosaica y en el respeto a las tradiciones de los «padres» (es decir, los antepasados), ejercían una fuerte influencia en el pueblo. Jesús les reprochaba su exagerado celo ritual y el afán por satisfacer los más insignificantes aspectos de la letra de la Ley, que los hacía olvidar a menudo los valores del espíritu que la anima (cf. Mc 7.3–4,8–13. Véase 2 Co 3.6).

Los saduceos representaban, en cierto modo, la aristocracia de Israel. Este partido, más reducido numéricamente que el fariseo, estaba formado en gran parte por las poderosas familias de los sumos sacerdotes. En su doctrina, en contraste con lo que enseñaban los fariseos, los saduceos mantenían «que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu» (Hch 23.8).

Tradicionalmente, se ha considerado que los zelotes constituían un grupo judío nacionalista que se rebeló contra Roma. Eran conocidos también como cananistas. Con ambos epítetos se identifica en el NT a Simón, uno de los doce discípulos de Jesús (véase Lc 6.15 nota m, y cf. Mt 10.4 y Mc 3.18 con Lc 6.15 y Hch 1.13). Los zelotes jugaron un papel muy activo en la rebelión de los años 66 a 70.

Aparte de los tres grupos reseñados, había otros, como los herodianos, cuya identidad no ha logrado ponerse totalmente en claro. Es probable que se tratara de gente al servicio de Herodes, aunque algunos piensan que el nombre se daba más bien a los partidarios de Herodes y de su dinastía.

Con carácter de agrupación profesional y no de partido, estaban los escribas, maestros de la Ley o rabinos, que eran los encargados de instruir al pueblo en materia de religión. Por lo general, no pertenecían a la clase sacerdotal, pero eran influyentes y llegaron a gozar de una elevada consideración como intérpretes de las Escrituras y dirigentes del pueblo.

Poco tiempo y poco espacio necesitó Jesús de Nazaret para realizar una obra cuyas bendiciones habían de alcanzar a los seres humanos de todos los tiempos y de todos los lugares. El NT da testimonio de ello: es el acta que, con igual sencillez con que el Hijo de Dios se manifestó en carne, da fe del amor de Dios y de su voluntad salvadora.

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

 

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