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Jacobo (IakoÆbos en griego, Ya>akob en hebreo, y Iacobus en latín).

Nombre propio masculino muy popular en tiempos bíblicos, equivalente a Santiago. El nombre Santiago es una contracción castellanizada de dos palabras latinas, sanctus Iacobus, que quiere decir San Jacobo. Ciertos exégetas identifican a algunos o a todos los Jacobos de 3 a 5 abajo como una sola persona.

1. Hijo de Matán y padre de José el esposo de María (Mt 1.15s; ® Genealogía de Jesus).

2. Hijo de Zebedeo y pescador galileo, a quien Jesús llamó (Mt 4.21), junto con su hermano menor Juan para ser uno de los doce apóstoles (Mt 10.2; Mc 3.17; Lc 6.14; Hch 1.13). Con Pedro y Juan, Jacobo integraba un núcleo singular de discípulos presentes en la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5.37//), en la transfiguración (Mc 9.2//) y en la oración en Getsemaní (Mc 14.33). Juntamente con Juan se le apellidó Boanerges (Mc 3.17) y ambos también recibieron una reprensión de Jesús por su impetuosidad (Lc 9.54). Los dos pidieron un lugar de preferencia en el Reino y Jesús les profetizó que beberían la copa de Él (Mc 10.39), anuncio que se cumplió con la muerte de Jacobo, degollado por Herodes Agripa I, ca. 44 d.C. (Hch 12.2).

Algunos intérpretes, basándose en una comparación de las listas de Mateo 27.56; Marcos 15.40 y Juan 19.25, creen que Jacobo era primo de Jesús; pero esta identificación depende de dos hipótesis dudosas. La tradición del siglo II le llamó «Jacobo (o Santiago) el Mayor».

3. Hijo de Alfeo y también uno de los doce apóstoles (Mt 10.3; Mc 3.18//; Lc 6.15; Hch 1.13). Aunque Leví es también llamado «hijo de Alfeo», es probable que su padre sea otro Alfeo y que Leví y Jacobo no fueran hermanos.

A este Jacobo comúnmente se le identifica como Jacobo «el menor», hijo de María (Mc 15.40). Es evidente que lleva el apodo para distinguirlo (por su estatura o su juventud) de Jacobo el hijo de Zebedeo.

4. Padre (según HA, NVI, pero «hermano» según RV y VM) de Judas (no Iscariote). Excepto su mención en Lucas 6.16 y Hechos 1.13, no se sabe nada de él.

5. Hermano de Jesús, mencionado con sus hermanos (¿menores?) José, Simón y Judas (Mc 6.3). A juzgar por Mt 12.46–50; Mc 3.31–35; Lc 8.19–21 y Jn 7.5, Jacobo no aceptaba la autoridad de Jesús durante el ministerio de este, pero después de que se le apareció resucitado (1 Co 15.7), llegó a ser un líder importante de la iglesia judeocristiana de Jerusalén (Hch 12.17; Gl 1.19; 2.9).

Evidentemente se le considera apóstol (Gl 1.19) cuyo campo misionero fueron los judíos (Gl 2.9), en especial los de Jerusalén. En esta iglesia madre, Jacobo es la primera de tres «columnas» con quienes Pablo dialogó al principio de su ministerio, y de quienes recibió reconocimiento por su mensaje (Gl 2.7–10). Más tarde ciertos emisarios que reclamaban la autoridad de Jacobo, pero que probablemente exageraban su postura, sugirieron que en la iglesia de Antioquía los gentiles y los judíos comieran en mesas separadas. Pablo rechazó con vehemencia esta idea (Gl 2.11s).

Hechos 15.1–29 describe el primer Concilio de la iglesia (cuya relación con los encuentros de Gl 1 y 2 es difícil de precisar). Este concilio se celebró en Jerusalén, y Jacobo lo presidió. En esta ocasión se acordó recomendar a los gentiles recién convertidos ciertas prácticas que facilitaran el compañerismo de mesa con los judeocristianos. Más tarde, Jacobo también sirvió de mediador entre un grupo de judeocristianos que deseaban imponer la Ley Mosaica a todos los cristianos, y el grupo de gentiles conversos, que desde luego no querían aceptar esta obligación. Las simpatías judías de Jacobo se ponen de relieve en la sugerencia que hace a Pablo cuando este visita a Jerusalén por última vez (Hch 21.17–26).

La tradición posterior (Hegesipo, primitivo historiador cristiano ca. 180 d.C.; y el Evangelio según los hebreos, Evangelios apócrifos) exalta el papel de Jacobo, llamándolo «el justo» y presentándolo como muy reverenciado por su piedad y apego a la Ley. Hegesipo y Josefo (Guerra XX.ix.1) relatan su martirio (ca. 62), lapidado a instigación de los saduceos.

Eusebio de Cesarea cita a Josefo en el sentido de que las miserias y horrores del sitio de Jerusalén se debieron al castigo divino por el asesinato de Jacobo. Escritores posteriores describen a Jacobo como obispo e incluso como obispo de obispos. Según Eusebio, la silla episcopal todavía estaba en exhibición en Jerusalén en el tiempo en que escribía su Historia eclesiástica (en el año 324).

La tradición asigna a Jacobo la paternidad de la carta de Santiago (Stg 1.1; cf. Jud 1).

 

Linaje Escogido

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